Los errores del Titanic que debes evitar en tu empresa (II)

La primera entrega de esta serie planteó una serie de lecciones que proporcionó el hundimiento del Titanic y que deben servir a los gerentes para mantener la empresa a flote y en velocidad de crucero:

  • Síndrome del todo va bien.
  • Orgullo y prestigio.
  • Información y su transmisión.
  • Falta de cohesión del equipo y de las acciones.
  • Negligencia de los medios.
  • Reuniones negligentes.
  • Falta de formación.
  • Sobrevaloración de la experiencia.
  • Falta de suerte (o no).

En esta segunda entrega vamos a profundizar en las tres primeras.

El síndrome del ‘todo va bien’

En 1912, no existían todos los medios de comunicación actuales. Por lo tanto, fue difícil verificar la información, ya que a menudo solo había un canal que la distribuía.

Así, durante 15 horas, circuló la información más increíble sobre el accidente del Titanic. El vicepresidente de la naviera White Star Line declaró que todo iba bien a bordo. Más tarde, otro mensaje indicó: el Titanic está siendo remolcado. Sin embargo, unas horas más tarde, el mismo directivo tuvo que comunicar a los periodistas que el barco se había hundido.

Cuatro días después, cuando el buque que había recogido a los supervivientes arribó a Nueva York, la prensa se volcó sobre la compañía marítima exigiéndole explicaciones. La naviera sufrió las consecuencias de la desinformación.

Este episodio se debe tener en cuenta en el mundo corporativo. Tienes que informar; ser responsable de tus acciones.

La resistencia a compartir información —o peor aún, no compartirla— puede ser devastadora para ti y tu negocio cuando esta salga a la luz. Si las cosas no van bien, es mejor decirlo y poner en marcha las acciones para que la situación vaya mejorando.

Orgullo y prestigio

Unas horas antes del desastre, el presidente de la compañía White Star Line, que participaba en el crucero inaugural, recibió un mensaje de un barco griego. Este último informó de témpanos de hielo e icebergs en la ruta del Titanic.

En lugar de preocuparse y pensar en cómo evitar el peligro, el presidente instó al capitán del Titanic a llegar a tiempo para beneficiarse de la publicidad del acontecimiento. Incluso, le alentó a que no redujera la velocidad; y a que, ni mucho menos, cambiará de rumbo, ya que prolongaría la duración del crucero.

En cualquier negocio, se debe saber cómo detener la máquina cuando sea necesario:

  • ¿Qué haces sólo por razones de prestigio?
  • ¿Nunca se privilegia el rendimiento o productividad a expensas de la calidad?
  • ¿Se empiezan otras etapas antes de terminar las anteriores?

El Titanic ha demostrado que un simple rasguño, aunque casi invisible, puede causar una enorme preocupación.

Ten cuidado en no balancear los peligros que acechan a tu empresa y el prestigio que persigue. La pérdida de calidad es el mayor defecto en la carrera por el prestigio. La pérdida de capacidad de gestión es el mayor riesgo que provoca el orgullo.

El prestigio de tu empresa proviene de tu capacidad para superar los peligros, para adaptar la velocidad de acuerdo a las posibilidades reales y no según dicta tu voluntad personal (o colectiva).

Información y su transmisión

Los oficiales no prestaron atención al mensaje que alertaba de la presencia de icebergs. Pensaron que, con un barco tan moderno y potente, tendrían tiempo para advertir un peligro en el horizonte, especialmente en un clima soleado y con mar en calma.

Básicamente, porque ninguno, excepto el operador de radio, estaba al tanto del telegrama más alarmante. Todos estaban ocupados enviando y recibiendo felicitaciones de los pasajeros eufóricos, que escribieron a todos sus amigos sobre su alegría de estar a bordo del Titanic.

En la empresa, puedes preguntarte cómo se reconoce y se da sentido a la información. Las preguntas que puedes hacerte son las siguientes:

  • ¿Cuántos mensajes necesarios para la empresa no se transmiten?
  • ¿Cuántas reuniones o visitas no se apuntan ni se confirman?
  • ¿Cuántos informes no se leen?
  • ¿Qué decisiones no se ejecutan debido a esto?
  • ¿Quién en la empresa cumple realmente su rol? ¿O piensa desempeñar su papel?
  • ¿Cuántos mensajes se transmiten sin saber si han sido escuchados, percibidos, entendidos y aceptados?
  • ¿Cómo se organiza la clasificación, circulación e interpretación de la información
  • ¿Cómo se desarrolla la competencia de cada persona en su función?

El exceso de confianza lleva a hacer oídos sordos a las advertencias más acuciantes.

Más lecciones en la tercera entrega

La próxima entrega, la tercera de esta serie de lecciones empresariales obtenidas del naufragio del Titanic, se centra en la falta de cohesión interna, la negligencia de los medios y las reuniones.

Fotografía: Frank Beken

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Acepto la Política de protección de datos de Caletec *